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25 de febrero de 2009

Una invitación (de emergencia)


Esta invitación, agradablemente sorpresiva, llegó anoche a mi correo. Y con ella, los recuerdos de los textos -así son de heterogéneos- que he leído en este blog, que cuenta con la participación de algunos escritores verdaderamente talentosos. Si tienen tiempo y ganas de escuchar una buena lectura, no se lo pierdan: jueves 26 de febrero, 13:30 horas, en la Facultad de Antropología.

22 de febrero de 2009

Dos invitaciones (para remover el polvo)



Esta semana volveremos a hablar del polvo. El próximo miércoles 25 de febrero, a las 16:30 horas, estaré en Radio Mexiquense con Alonso Guzmán, para hablar de Antes del polvo, de la poesía, la vida y otras curiosidades en vías de extinción. Media hora más tarde me trasladaré al Bar 2 de Abril para continuar, en vivo, con la lectura de poemas. Ahí podrán disfrutar de una rica y legendaria garañona y adquirir su ejemplar autografiado de Antes del polvo, con un descuento especial. Recuerden, además, que el libro está disponible en el Centro Toluqueño de Escritores, la Librería Castillo, la Librería Imagen y las librerías universitarias dependientes de la UAEM.

Por otro lado, el sábado 28 de febrero, a las 16:00 horas, estaremos presentando, nuevamente, el librito de marras (esta expresión siempre me sabe a castellano puro). Para ello, iremos hasta la otra punta del Estado de México, al Centro Regional de Cultura de Texcoco, en donde se celebrará un Maratón de Poesía que promete muchas sorpresas, pues habrá talleres de lectura y de creatividad; lecturas en voz alta, obras de teatro y otras aproximaciones al arte. Si viven de aquel lado, no dejen de darse una vuelta.

Una invitación (que sabe a café)



¿Quién no ha disfrutado de una buena taza de café? Solo en compañía; triste o alegre; en el ánimo de la mañana y la fiebre de la noche; como remedio a otros males u obscura dependencia. ¿Quién no ha distinguido entre en un magnífico café, cultivado en las mejores tierras, y el café artificial, que no atestigua nada? Alrededor de estas preguntas y emociones se construye La estampa del café, una exposición que constituye un verdadero homenaje gráfico a Coatepec, Veracruz, una región de "tierra dulce", donde el arte cafetalero ha logrado que "este gentil veneno que se bebe neciamente" trascienda sus circunstancias.

Esta exposición se inaugurará el próximo 27 de febrero, a las 18:00 horas, en el Museo de la Estampa -ubicado en Plutarco González 305, a unos pasos de la Alameda Central de Toluca-. Por supuesto, están todos cordialmente invitados. Esperamos verlos por ahí.

16 de febrero de 2009

Cosmoción en los medios


Alguien me dijo que no es de buen gusto hablar de uno mismo, pero resulta que hace una semana Cosmoción emitió un comunicado que anduvo rodando, de manera fragmentaria, por distintos medios impresos. Algunas personas lo vieron, otras no. Así que, a petición de quienes no lo han podido leer y de quienes no fueron a la presentación, lo reproduzco aquí, aunque apareció también en Milenio y El Sol de Toluca.



En el Centro Toluqueño de Escritores
SE PRESENTARON LOS LIBROS DE POESÍA
ANTES DEL POLVO, DE MARGARITA HERNÁNDEZ,
Y GAJOS DE HUMO, DE ELÍAS JARAMILLO

Toluca, Estado de México.- A principios de este año, Margarita Hernández, periodista egresada de la licenciatura en letras latinoamericanas de la Universidad Autónoma del Estado de México, y Elías Jaramillo, profesor con una amplia trayectoria literaria que había permanecido inédita, publicaron sus primeros libros de poesía, Antes del polvo y Gajos de humo, respectivamente. El Centro Toluqueño de Escritores abrió sus puertas para la presentación de ambos volúmenes, resultado de la colaboración entre esta asociación civil y la Editorial Cosmoción, un organismo independiente que, con estas actividades, debutó en el panorama literario mexiquense.

La presentación, realizada ante un público numeroso y entusiasta –conformado, además, por artistas e intelectuales provenientes de diversas regiones del estado–, estuvo encabezada por Eduardo Osorio, poeta, novelista y presidente del Centro Toluqueño de Escritores, quien destacó la relevancia de continuar editando poesía en un momento en que, de manera clara, “existen políticas oficiales en contra de la lectura y del libro”. También subrayó las dificultades que enfrentan los poetas que desean publicar su obra, más allá de las instituciones gubernamentales, pues éstas, desafortunadamente, no cuentan con los recursos ni con la capacidad para publicar a gran parte de los escritores locales. Por último, celebró la fundación de Cosmoción, una editorial que, a decir de sus fundadores, se sostiene en la idea de que “todos los caminos conducen a la poesía”.

Por otro lado, Enrique Villada, poeta, ensayista y profesor afincado en el oriente de la entidad, comentó algunos aspectos relacionados con Antes del polvo. Desde su perspectiva, se trata de un libro que explora el amor a través de una óptica desnuda y transparente, opuesta a “los adornos y atavíos”. De esta manera, logra capturar la experiencia erótica desde su naturaleza y su fragilidad esencial; es decir, como “abrazo con lo otro, lo desconocido exquisito”. Para ello, Margarita Hernández recurre a “endecasílabos de luz, adjetivos impredecibles y versos inusitados”, los cuales “dejan lugar a la libre interpretación, y, por lo tanto, no se agotan”.

De este modo, la poesía de Margarita Hernández profundiza en “un mundo donde todo es efímero”, inevitablemente poblado “de un tiempo que se acaba, de la ruina y la rutina en que encallan los deseos”. Así, concluidos los comentarios, la autora leyó algunos de los poemas incluidos en Antes del polvo, entre los cuales destacaron la serie “Epistolares” y los textos que inauguran las secciones “Nudos en tierra” y “Ceniza de bestias”.

Por su parte, Gerardo Lara, cineasta, guionista y tallerista literario, mencionó los aspectos relevantes de Gajos de humo. En su breve intervención, destacó la condición “onírico - inoculadora” de la poesía de Elías Jaramillo, la cual le confiere cualidades “inasequibles, libres, caóticas e impredecibles”, que “funden al sueño con la poesía”. Emparentados con el surrealismo y la escritura automática, los textos incluidos en este volumen representan “raptos capturados a la manera de René Magritte”, capaces de remitir al lector “hacia un lugar en el que nadie ha estado nunca”. Con este espíritu revelador, Elías Jaramillo leyó algunos poemas extraídos de Gajos de humo, con los cuales concluyó esta exitosa presentación.

Antes del polvo, de Margarita Hernández, y Gajos de humo, de Elías Jaramillo, también estarán presentes en el Centro Regional de Cultura de Texcoco, en el marco del 3° Maratón de Poesía, el próximo 28 de febrero, a las 16:00 horas. Mientras tanto, se encuentran a la venta en el Centro Toluqueño de Escritores –ubicado en Plaza Fray Andrés de Castro, edificio A, local 9, en los Portales– y en las librerías dependientes de la Universidad Autónoma del Estado de México –ubicadas en el Edificio Central de Rectoría, en Instituto Literario 100, colonia Centro; en la Casa de las Diligencias, en Benito Juárez 114, esquina con Independencia, colonia Centro, y en el Edificio Administrativo, en Ignacio López Rayón 510, esquina con Arteaga, colonia Cuauhtémoc–. Para mayores informes sobre la editorial y la adquisición de estos libros, es posible comunicarse a los teléfonos 044 72 23 64 93 89 y 044 72 21 48 17 12.

8 de febrero de 2009

Al fin, Antes del polvo

El escenario, antes de la presentación

El viernes comenzó con nervios: alud de pendientes en el trabajo e incertidumbre en los momentos de descanso. Luego de invitaciones, carteles, separadores, spots, correos y avisos a dos o tres medios de comunicación, quedaba esperar la tarde y sus horas decisivas. Pero valió la pena. La presentación de Antes del polvo -y de Gajos de humo, de Elías Jaramillo- fue una sorpresa. Más amigos de los que esperaba -algunos venidos, por extrañas coincidencias, de otras ciudades y países-, más público y más fotógrafos de los que imaginaba. A los libros les fue bien: hubo muchas promesas de lectores. En parte se debe, creo, al abrazo de buena suerte de Enrique Villada, quien ha sido el primero en tenerle fe a Antes del polvo y el último en abandonar las trincheras a la hora de escribir. Les dejo las fotos (hagan clic para verlas más grandes) de este encuentro con lo desconocido, de este salto mortal (¿qué tal si a nadie le gustaba el libro?, ¿qué tal si nadie iba a la presentación?). Espero que nos acompañen al 3° Maratón de Poesía, que está organizando la Nave de los Locos. Ahí estaremos presentado Antes del polvo, el 28 de febrero, a las 16:00 horas, en el Centro Regional de Cultura de Texcoco. Al final, añadí una probadita del libro, para que se animen a comprarlo.


Gerardo Lara, Elías Jaramillo, Enrique Villada y yo,
unos minutos antes de empezar


Enrique Villada, hablando de Antes del polvo


El abrazo de buena suerte, inevitable


Yo, leyendo -a medias- algunos poemas


¡Y hubo autógrafos!

Algunos poemas, leídos durante la presentación:

Tiempo atrás,
mansos nudos en tierra,
conformes con pan dado,
saciados de agua justa,
cálidos con sola piel,
atados a palabras de ceniza:
moradores de la piedra.

Pero los ramajes obscuros,
tentativas de altura sin espera,
apenas semillas restallando:
en nuestros ojos
la sombra abreva el deseo.

--

Epistolar I


El día que capitule
este amoroso asedio
habrá que acostumbrarse
a la nostalgia
de antiguos costillares:
minerales redundancias,
tumulto de domingos
con raudo aburrimiento,
hervor absurdo
de cazos y camisas.

Y no vendrás ya a iluminarme
—caléndula o candil del ansia—,
a horadar la tarde entre caderas.
No vendrá tampoco ya el consuelo,
diáspora del polvo que acumulan
en su terca mansedumbre
los relámpagos.

--

Déjame viajar al sur,
gorjear en su íntimo lenguaje,
triscar los frágiles veneros
en que se queman tus arterias
—brevísimas zancadas
donde ayuntan los estuarios:
soy fresca boca que traga celosía—
y doble estremecerme en nuestro encausto.

--

Epistolar IV


Teme este silencio igual
que cólera de adioses.

Se van extinguiendo los días.
Prefiero que me angustie otro nombre.



La creación poética: dos talleres, dos visiones


Por Margarita Hernández Martínez

Pese a su naturaleza eminentemente personal, la poesía –entendida, en este caso, como empleo creativo del lenguaje, desde la prosa hasta el verso– no es una labor sencilla. Constituye, por definición, un ejercicio de fortaleza, que implica, además, un intenso debate personal alrededor de la selección de temas, estilos, palabras y tendencias estéticas; un complejo proceso de discernimiento entre distintos criterios, la propia voz y la influencia –consciente– de otros autores. De este modo, el poema representa el resultado de una combinatoria irrepetible, arraigada en la tradición y defendida en las circunstancias contemporáneas, cuya validez se refrenda sólo con el paso del tiempo y las mutaciones de la sensibilidad humana. No en vano Miguel Hernández afirmó –y transcribió metafóricamente, en uno de sus textos más memorables– que los únicos materiales poéticos residen en la vida, la muerte y el amor, contemplados desde ojos infinitos.

Sin embargo, desde hace algunas décadas, la poesía ha experimentado un conjunto de transformaciones perniciosas. Frecuentemente confundida con la expresión libre y desenfadada de las ideas y los sentimientos individuales –producto, al parecer, de la malinterpretación de las vanguardias europeas, que rompieron con la rigidez de las tradiciones clásicas y apostaron por la escritura automática–, ha pasado, en algunos sectores, de un auténtico proyecto estético –provisto de sus propios códigos, reglas y sentidos–, al flujo descontrolado de palabras vacías, versos sin ritmo y lugares comunes que, como mejor fortuna, se reproducen en incontables tarjetas de felicitación. El resultado radica en una poesía poco perdurable, de escaso valor artístico, cuyo destino es formar parte de esos libros fantasma que desaparecen una vez transcurrida la emoción originaria.

Para contrarrestar esta situación –y, de manera marginal, para transmitir y compartir los saberes característicos del oficio literario–, existen, también desde hace décadas, los talleres de creación poética. Y, en este sentido, el Estado de México –que cuenta, indiscutiblemente, con una de las estructuras culturales más sólidas del país– ofrece una gran variedad de espacios: desde aquellos promovidos por instancias oficiales, como el Instituto Mexiquense de Cultura y la Sociedad General de Escritores de México, hasta aquellos sostenidos, entre tropiezos, por organizaciones independientes, como el Centro Toluqueño de Escritores. Dotado de diversos enfoques, definiciones y perspectivas –las cuales repercuten en su calidad–, este espectro de opciones se anuda alrededor de una idea central: desarrollar las herramientas necesarias para construir, de forma individual y colectiva, un repertorio de recursos literarios renovados. Para ello, recurre a diferentes técnicas y cursos de acción, mediante los que se perciben, de manera paralela, múltiples visiones de la poesía. A continuación, reseñamos dos de estas alternativas.


Poesía desde la poesía: El Taller “Joel Piedra”


Fundado por Guillermo Fernández, poeta y traductor jalisciense nacido en 1932, este taller gratuito se encuentra encaminado a desarrollar las capacidades necesarias para elaborar, desde una postura individual, distintos recursos indispensables para la creación poética. Para ello, Fernández propone la lectura, el análisis y la revisión constante de la obra de escritores provenientes de diversas partes del mundo –algunos de ellos relativamente desconocidos–, a través de lo cual es posible identificar algunas herramientas retóricas y lingüísticas, además de comprender el funcionamiento de figuras fundamentales para el poema lírico, como la imagen y la metáfora.

Paralelamente, las sesiones de este taller rescatan el valor de la conversación: mediante el comentario directo de los participantes, promueven la discusión de opiniones y el despliegue de alternativas para el planteamiento de los textos presentados por ellos mismos. De este modo, se establece un franco contraste entre las voces, las personalidades y las preferencias líricas de los escritores. En último término, Fernández procura fomentar y poner en debate los logros y la calidad de los poemas que confluyen en el taller. Y así lo demuestra la relevancia nacional e internacional de sus talleristas, entre los que se cuentan Juan Carlos Barreto, Rocío Franco López, Saúl Ordóñez, Félix Suárez y Sergio Ernesto Ríos. Esta cualidad también se manifiesta en la aparición de varias antologías que funden este trabajo colectivo, entre las cuales destacan Camisa de dieciocho varas, editada en 1997, y Reino de nadie, publicada en 2006.

El Taller “Joel Piedra” se lleva a cabo todos los viernes, de 19:00 a 21:00 horas, en la planta alta del Centro Regional de Cultura de Toluca, ubicado en Pedro Ascencio 103, colonia Centro, a unas cuadras de los Portales. Para obtener más información, es posible comunicarse al (722) 2 14 73 78.


Poesía desde la dispersión: el Taller de Creación Literaria de Tenango del Aire


Coordinado por Enrique Villada, poeta, ensayista y profesor mexiquense nacido en 1964, este taller se distingue mediante dos particularidades: por un lado, admite la discusión de toda clase de géneros literarios; de este modo, facilita la lectura, la comprensión y la escritura de la poesía, el cuento, la novela y el ensayo, además de otras modalidades que se encuentran en proceso de consolidación, como la prosa poética y la minificción. Por otro lado, los ejercicios que propone abarcan el conjunto de la sensibilidad humana; es decir, no se limitan a la lectura, el análisis y la imitación de la obra de otros autores, pues también involucran experiencias visuales, auditivas y gastronómicas.

De este modo, el Taller de Creación Literaria se encuentra asociado al descubrimiento de la belleza y el placer; de la expresividad y el equilibrio; de los recursos meramente literarios y los deseos personales. Por lo tanto, aspira a devolver a la literatura a su estado primigenio: la concibe como una actividad sagrada, de manifestación individual y resonancia colectiva, que permite diversificar las visiones de la vida y del mundo. Así, en resumen, representa una oportunidad para que cada quien encuentre, a través del festejo cotidiano de las palabras, su voz interior.

El Taller de Creación Literaria se lleva a cabo todos los sábados, de 11:00 a 13:00 horas, en la Casa de Cultura de Tenango del Aire, ubicada en Avenida 5 de Mayo s/n, esquina Censos Nacionales, en el mencionado municipio mexiquense. Para obtener más información, es posible comunicarse al (722) 2 74 23 92.


Dos visiones


El Taller “Joel Piedra” y el Taller de Creación Literaria surgen y se desenvuelven desde una óptica distinta. Los contrastes entre ellos resumen, en buena medida, las perspectivas de desarrollo de la poesía mexiquense. Si bien ambos estimulan la reflexión en torno a la escritura y al hecho literario –lo cual les confiere cierto grado de credibilidad estética–, sus materiales y procedimientos resultan radicalmente opuestos y, en último término, evocan algunas preguntas importantes: situada en la periferia de una sociedad cada vez más desinteresada por las artes, ¿para qué sirve la poesía –entendida, nuevamente, como empleo creativo del lenguaje–?, ¿cuál es su contribución al mundo contemporáneo?

En el Taller “Joel Piedra”, el trabajo se sujeta a un concepto cultural eminentemente libresco: la inspiración y los recursos provienen de otros autores y, una vez transformados, retornan a ellos de manera inmediata. Estas características prefiguran el papel que juega la literatura en Toluca: aislada en su propia esfera, ofrece escasos momentos de interacción con el público y con otras manifestaciones artísticas, como la música, la danza, las artes plásticas y –sorprendentemente– el teatro. En consecuencia, los poetas escriben para sí; es decir, para su reducida comunidad, limitada por un lenguaje críptico. Sin embargo, este ensimismamiento no ha disminuido la calidad de su obra: algunos poetas afincados en Toluca han saltado a la escena internacional, no sólo a través de premios y distinciones, también mediante publicaciones y traducciones de excelente factura.

Por otra parte, el Taller de Creación Literaria procede de una especie de conciencia social, que busca entrelazar las modalidades artísticas con la receptividad y el significado de la existencia humana. De este modo, la literatura se concibe como un ejercicio vital, indispensable para formular una visión concreta del mundo. En efecto, los poetas que residen en el oriente de la entidad poseen un vínculo más firme con otras expresiones artísticas; además, han establecido una relación permanente y fructífera con sus lectores. Para muestra, basta recordar que Molino de Letras, la revista literaria independiente más importante del Estado de México, se edita en Texcoco, y que el Centro Regional de Cultura de dicho municipio –administrado por el Instituto Mexiquense de Cultura– organiza el mayor y más variado número de actividades, desde ciclos de cine mexicano hasta conferencias especializadas.

En este marco, el Taller de Creación Literaria sostiene una postura integral, destinada a vislumbrar la sorprendente complejidad de la poesía, no sólo desde los problemas específicos que supone la composición del texto, también desde las estrategias que lo hacen accesible. No obstante, en último término, ambos talleres demuestran dos facetas de la sensibilidad humana: la pasión por la vida –rápida e individual– y la fascinación por el arte –pausado y colectivo–, las cuales se involucran, en esencia, con el rigor intrínseco a la creación literaria. Desde estos panoramas, se trata de una poesía altamente participativa, cuya resonancia debe reflejarse, inevitablemente, en un replanteamiento de los códigos estéticos que la guían.


* Texto publicado en la página cultural de El Espectador, correspondiente al mes de febrero.

11 de enero de 2009

Nuevo en nueve (o una invitación cálida y cordial -- corregida)


El año empezó extraordinariamente bien: Cosmoción, una nueva editorial independiente, acaba de publicar sus primeros volúmenes. El primero de ellos corresponde a Gajos de humo, de Elías Jaramillo; el segundo, a Antes del polvo, de su humilde colaboradora. Ambos representan el resultado de la pasión por la literatura y el amor a la libertad, ya que se han concebido en estrecha comunicación con el autor, con la esperanza de que el libro vuelva a ser un instrumento de comunicación íntima, entre seres humanos sensibles.

Esta comunicación es imposible sin el contacto constante con los otras personas. Así que están cordialmente invitados a la primera presentación de Antes del polvo, que se llevará a cabo el 6 de febrero, a las 19:00 horas, en el Centro Toluqueño de Escritores (ubicado en Plaza Fray Andrés de Castro, Edificio A, local 9, en el centro de la ciudad). Los comentarios y la compañía correrán a cargo de Enrique Villada, Elías Jaramillo y Gerardo Lara. Además, habrá vino de honor y libros autografiados. No dejen de asistir: su presencia es importante para apoyar a las artes independientes y contribuir a que nuestro universo cultural siga en movimiento. Esperamos verlos por ahí y compartir la poesía y la vida.

Lenguajes relativos: El enigma Carmen, de Eduardo Osorio



Por Margarita Hernández Martínez

“Sólo cuando alguien muere descubrimos que nunca lo conocimos”, sentencia, contundente, Eric Berne, psiquiatra y fundador del Análisis Transaccional. “Te lo planteo de otro modo: cuando creemos decir una verdad; pero con gestos, entonaciones, movimientos corporales, negamos lo que dijimos”, responde, tajante, Eduardo Osorio, escritor y actual presidente del Centro Toluqueño de Escritores.

Basado en estas premisas –en apariencia contradictorias–, el autor de Bromas para mi padre construye El enigma Carmen (diálogos para su réquiem), una novela recientemente publicada por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluida en la Biblioteca Mexiquense de Bicentenario, cuya estructura depende, de manera fundamental, de los contrastes y las transposiciones entre el lenguaje y los géneros literarios; entre la interacción de los personajes y su soledad central.

Para conseguir esta síntesis, las voces involucradas en la narración toman postura frente a numerosos problemas contemporáneos, como la imposibilidad de la comunicación humana, el desconocimiento del otro y el replanteamiento de las identidades masculinas y femeninas. Paralelamente, los personajes –innumerables y, casi siempre, anónimos– recurren a un lenguaje de extraordinaria precisión, oscilante entre la metáfora y la nota periodística, el cual sostiene una suma de procedimientos cercanos a las técnicas teatrales. Sin embargo, éstas difieren de todo tratamiento tradicional: mientras aquéllos irrumpen, despojados de explicaciones, en la vorágine narrativa –que establece viajes y confluencias entre el tiempo y el espacio–, sus relaciones sólo se determinan mediante el diálogo, configurado como una acumulación de acontecimientos y referencias.

Por estas razones, los sucesos de la novela se definen como una recurrencia individual –por tanto, móvil y subjetiva– de un instante único: el brutal asesinato de Carmen Dultzin, mujer que, con sus “veintinueve amantes”, interroga la auténtica igualdad entre los géneros; ambientalista que, con su “cultura de National Geographic”, se deja absorber por las luchas de poder que, aún en nuestros tiempos, pertenecen exclusivamente a los hombres. Los diálogos entrelazados en torno a su muerte, su imagen pública, su trabajo y sus conflictos sentimentales perfilan una realidad progresiva, que se completa con cada intervención y que jamás se conforma con las superficies.

De este modo, El enigma Carmen también se debate entre los géneros literarios: más allá de su basamento en el lenguaje, se constituye, según su propio autor, como un “falso thriller”, provisto de tres posibles soluciones, las cuales dependen de la naturaleza relativa de la verdad y la violencia. Ésta, de manera inevitable, se implica en la mirada humana, siempre ajena, dúctil y escrutadora; en consecuencia, la novela lanza una propuesta literaria concreta, resultado de la intersección entre el Análisis Transaccional y las conjeturas de Osorio: “se trata de que el espectador imagine y no sea un robot frente a lo que lee”; es decir, de exigir la participación lectora característica de la narrativa posmoderna.



* Artículo aparecido en la página cultural de El Espectador, correspondiente a enero de 2009.

29 de diciembre de 2008

No es justificación, pero...


cuando leí este reportaje me sentí, de algún modo, aliviada. Pensé en la extinta República Latitanza, en los trámites -la tesis- y los sueños -el libro que sigue, el que intento escribir- sin cumplir. Y supe que aún hay tiempo. No creo tener tanto talento -en la República sí lo pensaban, pero jamás me sentí tan segura de ello-, así que supongo que me será más fácil superar los bloqueos y los temores que he experimentado a lo largo de este año eterno. Espero que sí. Confío que sí. Y como este blog jamás resulta tan personal, les dejo la nota y el enlace de la versión original, que se publicó en El País (la imagen, por su parte, es una hermosa fotografía antigua japonesa que puede verse aquí). Ustedes también anímense. Y a superar la falta de creatividad.

REPORTAJE
Lo dejo, tengo demasiado éxito

- Profesionales y artistas encumbrados abandonan en plena gloria
- Un triunfo mal llevado puede paralizar la creatividad


Por Silvia Blanco

El 13 de marzo de 1973, Juan Rulfo desveló la razón por la que había renunciado a seguir escribiendo: "pues porque se me murió el tío Celerino, que era el que me platicaba todo". Fue en la Universidad Central de Venezuela, durante una conferencia, mucho tiempo después de que el autor de Pedro Páramo y El llano en llamas hubiera optado por dedicarse a la fotografía y a los guiones de cine, y fue muchas veces después de que le formularan esa misma pregunta. El mismo camino del portazo a la literatura había tomado, años antes, nada menos que Arthur Rimbaud, quien a los 19 decidió que ya había dicho todo lo que tenía que decir en poesía y se convirtió, entre otras cosas, en traficante de armas.

Ambos tienen algo en común: tras lograr un éxito brutal, se apartaron de la publicación de libros y procuraron permanecer lo más alejados posible de la fama. No es un caso exclusivo de los escritores. Hace un par de semanas, un prestigioso cocinero francés, Olivier Roellinger, se deshizo de lo más parecido a un Nobel que se le reconoce al arte culinario, las tres estrellas que le había otorgado a su restaurante la guía Michelin. Su motivo, su muerte del tío Celerino particular, era el estrés. Declaró que había pasado "26 felices años manejando el timón de los fogones" y que ahora quería "emprender un camino diferente" con el objetivo de "mantener la pasión de vivir".

Hace un mes, Deluxe, uno de los puntales del rock independiente español, dio su último concierto. Xoel López, el alma del grupo, se va "indefinidamente", primero a Argentina y luego a Estados Unidos. "Necesito romper, tomarme un descanso. Estoy un poco harto de tanto rock. Llevamos tres años sin parar, más de 100 conciertos. No sé: necesito un cambio", Seguirá componiendo, pero admite su agotamiento.

El impecable Daniel Day-Lewis, el Gerry Conlon de En el nombre del padre, que acaba de ganar un Oscar, pasó cinco años sin actuar. Aunque evita hablar de ello, se sabe que vivió en Florencia trabajando de aprendiz de zapatero.

Esta es una historia de dilatados parones o abruptos finales. Aunque los primeros son mucho más frecuentes, hablan de las dificultades de la creatividad para soportarse a sí misma y para soportar (y más aún, mantener) el éxito. Manuela Romo es autora de Psicología de la creatividad (Paidós) y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. Al investigar sobre el trabajo de los creadores, se encontró con que se trata de una actividad que exige "un enorme esfuerzo cognitivo y mental al que hay que dedicar cientos o miles de horas. Además, cuando hablamos de auténtica creación, de producir algo nuevo, la persona experimenta fases de gran incertidumbre, no sabe hacia adónde va exactamente, no hay nada definido, y, además, está desafiando paradigmas establecidos, lo que puede ocasionar rechazo o incomprensión. Por otra parte, el hecho de trabajar en soledad puede generar estrés", explica. Visto así, se parece bastante a una especie de tortura. Sin embargo, Romo subraya que nada de esto es capaz de quebrar, por sí solo, la voluntad de un artista, un científico o un compositor. "Es su vida. Una personalidad creativa ama su trabajo, en el que a veces tiene lo que la psicología llama 'la experiencia del fluir': un estado de total inmersión en una tarea, estar absorbido y perder por completo la noción del tiempo".

Rulfo o Rimbaud siguieron, en este sentido, un camino excepcional. Se esfumaron. Estaban aquejados de lo que el narrador de Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas (Anagrama), llama "el síndrome de Bartleby" en su brillante rastreo por la literatura del no y sus protagonistas, entre los que destaca.

Si se escribiera algo parecido sobre cocineros, se incluiría la renuncia de Jordi Parramón, aunque sus motivos son más claros y vitalistas. "Un día mandé un fax a los autores de la guía Michelin. Les explicaba que renunciaba a mi estrella. No lo entendieron. Me llamaron, pero no se convencían de que yo quisiera renunciar. Así que enviaron a un señor, charlamos y me dijeron que no les había pasado nunca", cuenta por teléfono. De esto hace tres años. Ahora Parramón vive en el campo, dedicado a la fotografía. "Un trabajo así te ocupa todo el día y toda tu energía, aunque te guste mucho. Me dediqué 20 años a la cocina, nunca busqué ni la fama, ni el éxito. Cuando nos dieron la estrella, coincidió con el boom de la cocina, de Ferran Adrià. Hubo buenas críticas, llegó la prensa, me invitaban a actos. Una mañana iba en un avión hacia Milán a dar una conferencia sobre cocina, y me di cuenta de que antes de despegar sólo estaba pensando en volver. Me dije '¿pero dónde vas?' y ahí empecé a plantearme dejarlo y cambiar de vida. Quería hacer más cosas. Al principio no todo el mundo lo entendió, se ve raro cambiar una vida con dinero y reconocimiento".

Introducir la variable del éxito en la creatividad puede descompensarlo todo. Por extraño que parezca. "Ocurre cuando se orienta la obra hacia la consecución de un resultado", comenta Javier Mañero, director de la Escuela de Inteligencia. Después de un gran triunfo, entre la crítica o el público, de un libro, un disco, un cuadro o un plato, lo más temido y estresante para el autor puede ser la pregunta: "¿Y ahora, qué?".

"Los fracasos no cuentan, excepto si vienen después de un éxito", asegura el escritor Santiago Roncagliolo. En 2006 obtuvo el premio Alfaguara por Abril rojo y se adaptó al cine Pudor, su primera novela. "Cuando escribí esas obras, sobre todo Pudor, nadie tenía expectativas sobre mí. Sólo quería publicar. Se tradujo a varias lenguas, vendió. El error es tratar de hacer lo mismo para no defraudar", dice.

No hay creatividad sin riesgo. "Es muy difícil mantener indefinidamente la admiración de los otros. Tanta expectativa de la gente puede desarrollar un miedo al fracaso que bloquea, es paralizante", explica el psicólogo Gonzalo Hervás. En el mundo de la música esa presión es elevada.

"Después de haber sacado un disco muy potente, todos los grupos tienen ese vértigo, el de superarse. Y justo el segundo es muy complicado, porque repetir la fórmula ya no vale. Hay que igualar como mínimo, o experimentar", explica Carlos Mariño, manager de grupos como Dover, Fangoria o Kiko Veneno. Es que "ser creativo o tener talento no tiene nada que ver con saber gestionar el éxito, y mucho menos la fama", asegura Javier Liñán, ex director artístico de EMI España, donde trabajó con Amaral, José Mercé o Manu Chao. Ahora es manager de Los Planetas, Albert Pla y Astrud.

El escritor dominicano Junot Díaz obtuvo el premio Pulitzer -uno de los más importantes de las letras estadounidenses- en abril pasado con su novela La maravillosa vida breve de Oscar Wao. Pero han tenido que pasar 11 años para que volviera a publicar: su anterior trabajo, una antología de cuentos titulada Drown, es de 1996, la que le convirtió en la promesa literaria de su país. En una reciente entrevista con este periódico, aseguró que ese lapso temporal "fue un infierno". "No sé cómo sobreviví. Soy terriblemente duro conmigo mismo, padezco la enfermedad del perfeccionismo", dijo.

La alta autoexigencia creativa puede paralizar. Pero puede que también influya el hecho de que "cuanto más tiempo pase entre una novela y otra, más prestigio adquiere la segunda", dice Roncagliolo. Y más presión: "Si la primera novela es buena, la segunda novela, más diez años después, tiene que ser genial". El proceso creativo no es, ni mucho menos lineal. "Hay muchos abortos", confiesa Roncagliolo. "Y existe el terror al vacío. Puedes tirar una novela de 200 páginas. Si has tenido éxito, es parecido a una borrachera. Cuando acaba la atención sobre la obra, la promoción, llega la resaca, te preguntas si podrás hacer otra, si estás acabado... Es parte del ciclo". Manuela Romo explica que "es un fenómeno complejo, en el que hay repetidas cumbres y repetidos abismos".

Varios experimentos sugieren que el éxito puede fagocitar parte de la creatividad. A finales de los ochenta, la profesora de Psicología Theresa Amabile, de la Universidad de Brandeis (EE UU), trabajó con varios grupos de niños. Les pidió que dibujaran lo que quisieran. A una parte de ellos les ofrecieron recompensas por hacerlo, y a otros no. Quienes habían sido premiados presentaron los dibujos menos creativos. "Si la motivación externa, es decir, la necesidad de reconocimiento, la fama, es más fuerte que el placer por crear (la motivación interna), puede aparecer el estrés", explica Alfredo Muñoz, psicólogo social de la Universidad Complutense de Madrid y profesor de talleres de creatividad en empresas. Ahí sí puede darse el abandono temporal para recuperar el equilibrio o la renuncia definitiva. Cantautoras como Tracey Chapman o Lauryn Hill, ex miembro de The Fugees (con los que vendió 17 millones de discos con sólo un álbum, The Score) frenaron su carrera cuando mayor fama tenían, por ejemplo.

Aunque para fobia a la fama, la del escritor estadounidense Thomas Pynchon (El arco iris de gravedad). De él apenas hay media docena de fotos de hace más de 40 años. No concede entrevistas. Lo último que se conoce de él es su voz: aparece con una bolsa de papel en la cabeza en un cameo excepcional en Los Simpson. Se interpreta a sí mismo asesorando a Marge, que publica una novela. El caso de J. D. Salinger es también misterioso. Tras la publicación de El guardián entre el centeno, una auténtica novela de culto desde el momento en que apareció (1951), se borró de la vida pública y apenas se editaron un par de libros suyos más. "Un rasgo fundamental de la personalidad creativa es que necesita hacer lo que le da la gana. La libertad, que se olviden de ellos para volcarse en su trabajo", asegura Romo. Apenas hay compositores, escritores o artistas que no se quejen, en algún momento, de la pesadez de la promoción y la fama. Lo sufren, por ejemplo, los managers: "Es muy cansino, repiten lo mismo en las entrevistas, la gente les para por la calle, llaman 200 veces al día, aparecen por todas partes", ilustra Mariño.

Con todo, quienes abandonan para siempre son una excepción. "La personalidad creativa siempre está produciendo, tiene una gran confianza en su trabajo y una fuerte tolerancia a la frustración, aunque se pueda resentir puntualmente", dice Romo. Muñoz también cree que, si no es así, pierden "la capacidad de jugar, la creatividad es tan gratificante que no puede estresar". Y quienes desaparecen un tiempo al final "siempre vuelven. Es su vida", dice Romo.

El placer de los cuentos italianos



Las herencias son caprichosas. Hace varios meses, uno de mis compañeros de trabajo -que ya no labora más ahí- me regaló -creo que ya no lo quería- el segundo tomo de Lighea. Un siglo de cuento italiano, una atractiva antología elaborada por Guillermo Fernández, con quien coincidí en un taller de poesía hace ya un par de años. La edición, además, corrió a cargo de Félix Suárez, uno de los culpables de que el proceso editorial de Antes del polvo haya sido tan riguroso. En fin. El asunto es que el libro se quedó durmiendo en mis papeles pendientes, hasta que recibí el encargo de escribir el siguiente boletín, que, concebido entre la prisa cotidiana, no logra hacerle justicia. El volumen es una joya, no es caro ni difícil de conseguir. Así que no dejen de leerlo y de poner sus comentarios.


Un homenaje a la cultura italiana: Lighea. Un siglo de cuento italiano,
de Guillermo Fernández



Toluca, Estado de México.- Como afirmaba Alejandro Ariceaga –responsable de uno de los ejercicios antológicos más bellos y ambiciosos de nuestra entidad: los volúmenes de poesía y narrativa de Literatura del Estado de México. Cinco siglos (1400-1900)–, toda antología es producto del antojo. En efecto, el trabajo de lectura, selección y disposición de un conjunto de piezas literarias depende más de los gustos del antologador, salpimentados por su criterio y sus conocimientos, que de un canon de belleza previamente establecido. Por estas razones, resulta muy agradable encontrarse con una buena antología, sostenida en una postura estética y crítica, como en el caso de Lighea. Un siglo de cuento italiano, publicada por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluida en la colección La Canción de la Tierra.

Distribuida en dos volúmenes, esta obra parte de la traducción, la selección y las notas de Guillermo Fernández, poeta originario de Guadalajara, quien, a lo largo de su trayectoria, ha cosechado innumerables premios y distinciones; además, en la actualidad, coordina un taller de traducción al italiano, el cual se lleva a cabo todos los lunes, de 18:00 a 20:00 horas, en el Centro Regional de Cultura de Toluca.

Constituido por 37 cuentos, provenientes de la pluma de 30 autores, Lighea. Un siglo de cuento italiano comienza su recorrido en el verismo, la vertiente italiana del costumbrismo, y concluye en la narrativa contemporánea, representada por Antonio Tabucchi. En el camino, se detiene en corrientes tan relevantes como el surrealismo, encarnado en los cuentos de Alberto Savinio; y nombres tan notables como Italo Svevo, Luigi Pirandello, Giovanni Papini, Giuseppe Tomaso de Lampedusa, Alberto Moravia, Cesare Pavese, Italo Calvino y Pier Paolo Passolini, los cuales comparten las páginas de esta antología con Elsa Morante, Natalia Ginzburg, Carlo Coccioli, Giovanni Testori y Dacia Maraini, quienes gozan de una celebridad menor, a pesar de la calidad de su obra. Finalmente, la edición se nutre y se completa con una breve nota biográfica, acompañada de la bibliografía de cada escritor.

Por otro lado, vale la pena destacar que La Canción de la Tierra es una colección especial destinada al rescate y a la difusión de obras literarias clásicas que sólo se conocen a través de referencias o fragmentos dispersos; sin embargo, han contribuido de manera decisiva a ampliar nuestra visión sobre la humanidad y la literatura universal. De este modo, también incluye textos como Diálogos de amor, de León Hebreo; Escritos literarios, de Leonardo da Vinci; El labrador y la Muerte, de Johan von Saaz; Reflexiones literarias, de Giacomo Leopardi, y La amorosa iniciación, de Oscar Wladislas de Lubicz Milosz. Estos volúmenes se encuentran disponibles en la Librería del Estado de México, ubicada en el Centro Cultural Mexiquense (Boulevard Jesús Reyes Heroles 302, delegación San Buenaventura, en las afueras de Toluca).