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2 de marzo de 2009

Polvo y cosmos: alternativas culturales en el Valle de Toluca




Por Aeri Marín

Hace justamente un año, José Antonio Romero Reyes compartió, en este espacio, sus primeras impresiones sobre Polvareda. Actitud crítica en movimiento. Fundada como una revista inquisitiva, consagrada a la investigación multidisciplinaria, esta publicación independiente ha completado su primera vuelta al sol con buena salud: para comenzar, ha llegado a los ojos de sus lectores de manera ininterrumpida, lo cual, al menos, habla de un compromiso constante. Por otro lado, ha sufrido transformaciones que, tropiezos aparte, dan cuenta de un proyecto en plena consolidación: mientras el diseño gráfico gana en atractivo y pertinencia, el contenido presenta ligeras fluctuaciones; así, en más de una ocasión, la crítica se ha convertido en balbuceo y la argumentación se ha extraviado en un idealismo que, desde sus trincheras analíticas, no corresponde en absoluto con la esencia del proyecto. Tampoco ocurre con los defectos de redacción, que ha arrastrado desde su origen y restan impecabilidad a su factura.

No obstante, Polvareda destaca por que, en un ambiente cultural que disputa becas, subvenciones y convenios, ha conseguido preservar su independencia y, con ello, “levantar el polvo de las conciencias amodorradas, [que terminan por] empolvarse en el cómodo sitial de una oficina”. Comprometida con su propio concepto de la realidad, la publicación trasluce la formación universitaria de sus colaboradores, quienes, paralelamente, han comprendido que su trabajo no constituye un escaparate de exhibición personal, sino un servicio para los lectores. De este modo, con una distribución mejorada –y un sitio de internet, sin embargo, atrasado– Polvareda sigue conformando “un rico cóctel y un amplio campo por explotar”.

Contrastante con este primer año, Cosmoción, editorial independiente establecida por Elías Jaramillo, acaba de lanzar sus primeros libros, con los cuales ha cumplido ya un mes de vida pública. Vinculado inicialmente con el Centro Toluqueño de Escritores –una de las asociaciones civiles más estables del Valle de Toluca–, el incipiente catálogo de este nuevo proyecto incluye un conjunto de volúmenes doblemente especializados: en el género literario, prefiere la poesía; en la experiencia de los autores, la ópera prima. Pese a ello, Cosmoción no se define, hasta ahora, como una editorial joven, mucho menos improvisada: Gajos de humo, del propio Jaramillo, esperó treinta años –llenos de dudas y enmiendas– para publicarse; mientras tanto, Antes del polvo, de Margarita Hernández, representa el resultado de cinco años de trabajo, cuyas fases preliminares merecieron el Premio Universitario de Poesía 2007, otorgado por la Universidad Autónoma del Estado de México. Ambos volúmenes se hallan complementados, además, por un concepto gráfico interesante, que ha optado por devolver el protagonismo a la idea central de cada poemario y a las técnicas de impresión tradicionales. De esta manera, Cosmoción defiende uno de sus planteamientos centrales: “todos los caminos conducen a la poesía”, entendida como el empleo creativo y personal del lenguaje, el cual deriva en opciones combinatorias infinitas.

Con un año o un mes de existencia, con el sol o la luna como signo de vida, Polvareda y Cosmoción comparten un aspecto esencial, que justifica su fundación y arroja luz sobre su desarrollo: contra el aire vacuo que parece emanar de las instituciones culturales –más preocupadas, sorprendentemente, por las elecciones que vienen–, el ejercicio periodístico evoca la naturalidad del polvo –que se sacude dentro y fuera de nosotros– y la poesía iniciática recuerda los antiguos estremecimientos del cosmos –que se encuentra en rotación permanente–. De cualquier modo, ante el incierto panorama de la cultura local –cada vez más agonizante; es decir, alejado de este tipo de empresas–, sólo quedan las certeras palabras de Oscar Wilde: “todos estamos en la cloaca, pero algunos miramos hacia las estrellas”.


* Texto publicado en la página cultural de El Espectador, correspondiente al mes de marzo.

Miradas añejas (primera parte)


Por María Guadalupe Díaz Guerra

Luchaba entre varias memorias
y la memoria de lo sucedido
era la única irreal para él
- Elena Garro

Es importante el rescate –pero, sobre todo, el reconocimiento y la divulgación– de lo que saben los de antes, los abuelos, acerca del crecimiento o del desarrollo de un pueblo y, por qué no, de una nación, pues, a diferencia de los textos de la historia oficial, en ellos se encuentran las memorias y las raíces a las que pertenecen. Desde esta perspectiva, lo que importa es conocer y reconocer la historia desde quienes la vivieron y la viven, que no es precisamente la versión de los historiadores, sino la de los viejos, quienes guardan las historias.

El hecho de hacer memoria conlleva una reflexión y, por qué no, una interpretación de lo vivido, en la cual el proceso de rememoración está ligado a la búsqueda de los recuerdos, en tiempos y espacios distintos. Éstos resultan de suma importancia, pues, a partir de ambos elementos, se da una construcción psíquica o mental de los acontecimientos pasados, que, si bien no son fidedignos, sí se someten a una posible realidad. En otras palabras, la imagen mental que se extrae de la memoria se observa o se reconstruye en función de aquello que se pretende enunciar, lo cual permite establecer un diálogo entre lo que se quiere decir y lo que se recuerda. Dialogan, por tanto, infinidad de tiempos y espacios: los presentes –por decirlo de alguna manera–, con los pasados y los futuros, siempre de acuerdo con un espacio de experiencias, un horizonte de expectativas y una suma de posiciones y perspectivas que se ajustan a posibles cambios y que, de manera conjunta, crean lo que Paul Ricoeur llama “presente histórico”; aquello que Elena Garro atinadamente nombró “los recuerdos del porvenir”. Así, cada persona puede constantemente ir y venir en el mar de los recuerdos de formas incomparables, avivando múltiples reflexiones e interpretaciones.

Si se trata de hablar de los recuerdos y la memoria, no hay nada mejor que cederle la voz a aquellos que quieren hablar y hacer historia: don Bernardo Díaz y doña Francisca de la Cruz. Ambos pertenecen a realidades distintas, pero tienen algo en común: la palabra hecha viento, la palabra cantada y contada, la palabra oral.

A sus 75 años, tras una sonrisa desdentada, el cabello encanecido y la mirada siempre en busca del recuerdo, Bernardo Díaz Hernández sigue luchando por la sobrevivencia, en un país donde los conflictos políticos y sociales, incluyendo las constantes devaluaciones de la moneda nacional, están a flor de piel. Desde el lejano pueblo de Santa María de Güido, en Morelia, Michoacán, don Berna, el General, platica de su infancia y adolescencia difusas, llenas de penurias y hambres; de una madurez con sabor a licor y de una vejez todavía cargada de trabajo.

Del otro lado de la moneda se encuentra Francisca de la Cruz, una mujer de andar lento pero seguro, con la mirada cargada de sueños e imágenes de antes, deseosa de contarlas a quien sea capaz de escuchar y entender. Una mujer de carácter jovial y divertido, que sólo se atreve a recordar con los ojos cerrados. Una mujer que, a sus 67 años, todavía disfruta de un buen mambo o un danzón, los ritmos que espera escuchar cuando llegue al cielo –si es que en este mundo aún cabe la posibilidad de creer en él–. Música, sí, mucha música para poder bailar con su esposo, a quien, en definitiva, no piensa dejar nunca.

Sus relatos se entrelazan para dar paso a la historia que no va a quedar asentada en los libros, sino en las memorias de quienes se hayan acercado a ellos para aprender de su experiencia, que no es poca, y escuchar lo que tienen que decir.

Al respecto, don Bernardo dice: “Nací el 20 de agosto de 1933 en Santa María de Güido, lugar donde he radicado casi toda la vida. Fui el quinto hijo de siete hermanos. Estudié hasta tercer grado de primaria porque no había el suficiente capital para seguir estudiando. Mis padres, Félix Díaz Chávez y Catalina Hernández Hurtado, siempre fueron buenas personas con mis hermanos y conmigo; bueno, a veces nos golpeaban, pero era por desobedientes. Por ejemplo, a mi hermano Roberto y a mí, nos golpeaba mi madre porque nacimos zurdos. Siempre fuimos pobres, mi padre se emborrachaba mucho y nos dejaba en el abandono. Él fue zapatero, pero, como el vino lo hizo caer, vendió sus máquinas para coser y terminó de remendón. Mi madre, en cambio, lavaba y hacía quehacer ajeno para darnos de comer. Cuando me salí de la primaria tuve que trabajar, me levantaba a las cinco de la mañana para llevar a almorzar a los bueyes por Barranca Seca, una loma no lejos del pueblo; a las nueve, yo, junto con mis hermanos y otros muchachos, sembraba frijoles y maíz en las huertitas que rentábamos. Era el tiempo de la hambruna, despuecito de los cristeros. Santa María, más que pueblo, parecía rancho: había caballos, vacas, puercos, chivos, gallinas y carretas con bueyes; eso sí, nada era de la gente como nosotros, sino de los pocos hacendados que quedaron”.


(continúa en el próximo número)



* Texto publicado en la página cultural de El Espectador, correspondiente al mes de marzo.



25 de febrero de 2009

Una invitación (de emergencia)


Esta invitación, agradablemente sorpresiva, llegó anoche a mi correo. Y con ella, los recuerdos de los textos -así son de heterogéneos- que he leído en este blog, que cuenta con la participación de algunos escritores verdaderamente talentosos. Si tienen tiempo y ganas de escuchar una buena lectura, no se lo pierdan: jueves 26 de febrero, 13:30 horas, en la Facultad de Antropología.

22 de febrero de 2009

Dos invitaciones (para remover el polvo)



Esta semana volveremos a hablar del polvo. El próximo miércoles 25 de febrero, a las 16:30 horas, estaré en Radio Mexiquense con Alonso Guzmán, para hablar de Antes del polvo, de la poesía, la vida y otras curiosidades en vías de extinción. Media hora más tarde me trasladaré al Bar 2 de Abril para continuar, en vivo, con la lectura de poemas. Ahí podrán disfrutar de una rica y legendaria garañona y adquirir su ejemplar autografiado de Antes del polvo, con un descuento especial. Recuerden, además, que el libro está disponible en el Centro Toluqueño de Escritores, la Librería Castillo, la Librería Imagen y las librerías universitarias dependientes de la UAEM.

Por otro lado, el sábado 28 de febrero, a las 16:00 horas, estaremos presentando, nuevamente, el librito de marras (esta expresión siempre me sabe a castellano puro). Para ello, iremos hasta la otra punta del Estado de México, al Centro Regional de Cultura de Texcoco, en donde se celebrará un Maratón de Poesía que promete muchas sorpresas, pues habrá talleres de lectura y de creatividad; lecturas en voz alta, obras de teatro y otras aproximaciones al arte. Si viven de aquel lado, no dejen de darse una vuelta.

Una invitación (que sabe a café)



¿Quién no ha disfrutado de una buena taza de café? Solo en compañía; triste o alegre; en el ánimo de la mañana y la fiebre de la noche; como remedio a otros males u obscura dependencia. ¿Quién no ha distinguido entre en un magnífico café, cultivado en las mejores tierras, y el café artificial, que no atestigua nada? Alrededor de estas preguntas y emociones se construye La estampa del café, una exposición que constituye un verdadero homenaje gráfico a Coatepec, Veracruz, una región de "tierra dulce", donde el arte cafetalero ha logrado que "este gentil veneno que se bebe neciamente" trascienda sus circunstancias.

Esta exposición se inaugurará el próximo 27 de febrero, a las 18:00 horas, en el Museo de la Estampa -ubicado en Plutarco González 305, a unos pasos de la Alameda Central de Toluca-. Por supuesto, están todos cordialmente invitados. Esperamos verlos por ahí.

16 de febrero de 2009

Cosmoción en los medios


Alguien me dijo que no es de buen gusto hablar de uno mismo, pero resulta que hace una semana Cosmoción emitió un comunicado que anduvo rodando, de manera fragmentaria, por distintos medios impresos. Algunas personas lo vieron, otras no. Así que, a petición de quienes no lo han podido leer y de quienes no fueron a la presentación, lo reproduzco aquí, aunque apareció también en Milenio y El Sol de Toluca.



En el Centro Toluqueño de Escritores
SE PRESENTARON LOS LIBROS DE POESÍA
ANTES DEL POLVO, DE MARGARITA HERNÁNDEZ,
Y GAJOS DE HUMO, DE ELÍAS JARAMILLO

Toluca, Estado de México.- A principios de este año, Margarita Hernández, periodista egresada de la licenciatura en letras latinoamericanas de la Universidad Autónoma del Estado de México, y Elías Jaramillo, profesor con una amplia trayectoria literaria que había permanecido inédita, publicaron sus primeros libros de poesía, Antes del polvo y Gajos de humo, respectivamente. El Centro Toluqueño de Escritores abrió sus puertas para la presentación de ambos volúmenes, resultado de la colaboración entre esta asociación civil y la Editorial Cosmoción, un organismo independiente que, con estas actividades, debutó en el panorama literario mexiquense.

La presentación, realizada ante un público numeroso y entusiasta –conformado, además, por artistas e intelectuales provenientes de diversas regiones del estado–, estuvo encabezada por Eduardo Osorio, poeta, novelista y presidente del Centro Toluqueño de Escritores, quien destacó la relevancia de continuar editando poesía en un momento en que, de manera clara, “existen políticas oficiales en contra de la lectura y del libro”. También subrayó las dificultades que enfrentan los poetas que desean publicar su obra, más allá de las instituciones gubernamentales, pues éstas, desafortunadamente, no cuentan con los recursos ni con la capacidad para publicar a gran parte de los escritores locales. Por último, celebró la fundación de Cosmoción, una editorial que, a decir de sus fundadores, se sostiene en la idea de que “todos los caminos conducen a la poesía”.

Por otro lado, Enrique Villada, poeta, ensayista y profesor afincado en el oriente de la entidad, comentó algunos aspectos relacionados con Antes del polvo. Desde su perspectiva, se trata de un libro que explora el amor a través de una óptica desnuda y transparente, opuesta a “los adornos y atavíos”. De esta manera, logra capturar la experiencia erótica desde su naturaleza y su fragilidad esencial; es decir, como “abrazo con lo otro, lo desconocido exquisito”. Para ello, Margarita Hernández recurre a “endecasílabos de luz, adjetivos impredecibles y versos inusitados”, los cuales “dejan lugar a la libre interpretación, y, por lo tanto, no se agotan”.

De este modo, la poesía de Margarita Hernández profundiza en “un mundo donde todo es efímero”, inevitablemente poblado “de un tiempo que se acaba, de la ruina y la rutina en que encallan los deseos”. Así, concluidos los comentarios, la autora leyó algunos de los poemas incluidos en Antes del polvo, entre los cuales destacaron la serie “Epistolares” y los textos que inauguran las secciones “Nudos en tierra” y “Ceniza de bestias”.

Por su parte, Gerardo Lara, cineasta, guionista y tallerista literario, mencionó los aspectos relevantes de Gajos de humo. En su breve intervención, destacó la condición “onírico - inoculadora” de la poesía de Elías Jaramillo, la cual le confiere cualidades “inasequibles, libres, caóticas e impredecibles”, que “funden al sueño con la poesía”. Emparentados con el surrealismo y la escritura automática, los textos incluidos en este volumen representan “raptos capturados a la manera de René Magritte”, capaces de remitir al lector “hacia un lugar en el que nadie ha estado nunca”. Con este espíritu revelador, Elías Jaramillo leyó algunos poemas extraídos de Gajos de humo, con los cuales concluyó esta exitosa presentación.

Antes del polvo, de Margarita Hernández, y Gajos de humo, de Elías Jaramillo, también estarán presentes en el Centro Regional de Cultura de Texcoco, en el marco del 3° Maratón de Poesía, el próximo 28 de febrero, a las 16:00 horas. Mientras tanto, se encuentran a la venta en el Centro Toluqueño de Escritores –ubicado en Plaza Fray Andrés de Castro, edificio A, local 9, en los Portales– y en las librerías dependientes de la Universidad Autónoma del Estado de México –ubicadas en el Edificio Central de Rectoría, en Instituto Literario 100, colonia Centro; en la Casa de las Diligencias, en Benito Juárez 114, esquina con Independencia, colonia Centro, y en el Edificio Administrativo, en Ignacio López Rayón 510, esquina con Arteaga, colonia Cuauhtémoc–. Para mayores informes sobre la editorial y la adquisición de estos libros, es posible comunicarse a los teléfonos 044 72 23 64 93 89 y 044 72 21 48 17 12.

8 de febrero de 2009

Al fin, Antes del polvo

El escenario, antes de la presentación

El viernes comenzó con nervios: alud de pendientes en el trabajo e incertidumbre en los momentos de descanso. Luego de invitaciones, carteles, separadores, spots, correos y avisos a dos o tres medios de comunicación, quedaba esperar la tarde y sus horas decisivas. Pero valió la pena. La presentación de Antes del polvo -y de Gajos de humo, de Elías Jaramillo- fue una sorpresa. Más amigos de los que esperaba -algunos venidos, por extrañas coincidencias, de otras ciudades y países-, más público y más fotógrafos de los que imaginaba. A los libros les fue bien: hubo muchas promesas de lectores. En parte se debe, creo, al abrazo de buena suerte de Enrique Villada, quien ha sido el primero en tenerle fe a Antes del polvo y el último en abandonar las trincheras a la hora de escribir. Les dejo las fotos (hagan clic para verlas más grandes) de este encuentro con lo desconocido, de este salto mortal (¿qué tal si a nadie le gustaba el libro?, ¿qué tal si nadie iba a la presentación?). Espero que nos acompañen al 3° Maratón de Poesía, que está organizando la Nave de los Locos. Ahí estaremos presentado Antes del polvo, el 28 de febrero, a las 16:00 horas, en el Centro Regional de Cultura de Texcoco. Al final, añadí una probadita del libro, para que se animen a comprarlo.


Gerardo Lara, Elías Jaramillo, Enrique Villada y yo,
unos minutos antes de empezar


Enrique Villada, hablando de Antes del polvo


El abrazo de buena suerte, inevitable


Yo, leyendo -a medias- algunos poemas


¡Y hubo autógrafos!

Algunos poemas, leídos durante la presentación:

Tiempo atrás,
mansos nudos en tierra,
conformes con pan dado,
saciados de agua justa,
cálidos con sola piel,
atados a palabras de ceniza:
moradores de la piedra.

Pero los ramajes obscuros,
tentativas de altura sin espera,
apenas semillas restallando:
en nuestros ojos
la sombra abreva el deseo.

--

Epistolar I


El día que capitule
este amoroso asedio
habrá que acostumbrarse
a la nostalgia
de antiguos costillares:
minerales redundancias,
tumulto de domingos
con raudo aburrimiento,
hervor absurdo
de cazos y camisas.

Y no vendrás ya a iluminarme
—caléndula o candil del ansia—,
a horadar la tarde entre caderas.
No vendrá tampoco ya el consuelo,
diáspora del polvo que acumulan
en su terca mansedumbre
los relámpagos.

--

Déjame viajar al sur,
gorjear en su íntimo lenguaje,
triscar los frágiles veneros
en que se queman tus arterias
—brevísimas zancadas
donde ayuntan los estuarios:
soy fresca boca que traga celosía—
y doble estremecerme en nuestro encausto.

--

Epistolar IV


Teme este silencio igual
que cólera de adioses.

Se van extinguiendo los días.
Prefiero que me angustie otro nombre.



La creación poética: dos talleres, dos visiones


Por Margarita Hernández Martínez

Pese a su naturaleza eminentemente personal, la poesía –entendida, en este caso, como empleo creativo del lenguaje, desde la prosa hasta el verso– no es una labor sencilla. Constituye, por definición, un ejercicio de fortaleza, que implica, además, un intenso debate personal alrededor de la selección de temas, estilos, palabras y tendencias estéticas; un complejo proceso de discernimiento entre distintos criterios, la propia voz y la influencia –consciente– de otros autores. De este modo, el poema representa el resultado de una combinatoria irrepetible, arraigada en la tradición y defendida en las circunstancias contemporáneas, cuya validez se refrenda sólo con el paso del tiempo y las mutaciones de la sensibilidad humana. No en vano Miguel Hernández afirmó –y transcribió metafóricamente, en uno de sus textos más memorables– que los únicos materiales poéticos residen en la vida, la muerte y el amor, contemplados desde ojos infinitos.

Sin embargo, desde hace algunas décadas, la poesía ha experimentado un conjunto de transformaciones perniciosas. Frecuentemente confundida con la expresión libre y desenfadada de las ideas y los sentimientos individuales –producto, al parecer, de la malinterpretación de las vanguardias europeas, que rompieron con la rigidez de las tradiciones clásicas y apostaron por la escritura automática–, ha pasado, en algunos sectores, de un auténtico proyecto estético –provisto de sus propios códigos, reglas y sentidos–, al flujo descontrolado de palabras vacías, versos sin ritmo y lugares comunes que, como mejor fortuna, se reproducen en incontables tarjetas de felicitación. El resultado radica en una poesía poco perdurable, de escaso valor artístico, cuyo destino es formar parte de esos libros fantasma que desaparecen una vez transcurrida la emoción originaria.

Para contrarrestar esta situación –y, de manera marginal, para transmitir y compartir los saberes característicos del oficio literario–, existen, también desde hace décadas, los talleres de creación poética. Y, en este sentido, el Estado de México –que cuenta, indiscutiblemente, con una de las estructuras culturales más sólidas del país– ofrece una gran variedad de espacios: desde aquellos promovidos por instancias oficiales, como el Instituto Mexiquense de Cultura y la Sociedad General de Escritores de México, hasta aquellos sostenidos, entre tropiezos, por organizaciones independientes, como el Centro Toluqueño de Escritores. Dotado de diversos enfoques, definiciones y perspectivas –las cuales repercuten en su calidad–, este espectro de opciones se anuda alrededor de una idea central: desarrollar las herramientas necesarias para construir, de forma individual y colectiva, un repertorio de recursos literarios renovados. Para ello, recurre a diferentes técnicas y cursos de acción, mediante los que se perciben, de manera paralela, múltiples visiones de la poesía. A continuación, reseñamos dos de estas alternativas.


Poesía desde la poesía: El Taller “Joel Piedra”


Fundado por Guillermo Fernández, poeta y traductor jalisciense nacido en 1932, este taller gratuito se encuentra encaminado a desarrollar las capacidades necesarias para elaborar, desde una postura individual, distintos recursos indispensables para la creación poética. Para ello, Fernández propone la lectura, el análisis y la revisión constante de la obra de escritores provenientes de diversas partes del mundo –algunos de ellos relativamente desconocidos–, a través de lo cual es posible identificar algunas herramientas retóricas y lingüísticas, además de comprender el funcionamiento de figuras fundamentales para el poema lírico, como la imagen y la metáfora.

Paralelamente, las sesiones de este taller rescatan el valor de la conversación: mediante el comentario directo de los participantes, promueven la discusión de opiniones y el despliegue de alternativas para el planteamiento de los textos presentados por ellos mismos. De este modo, se establece un franco contraste entre las voces, las personalidades y las preferencias líricas de los escritores. En último término, Fernández procura fomentar y poner en debate los logros y la calidad de los poemas que confluyen en el taller. Y así lo demuestra la relevancia nacional e internacional de sus talleristas, entre los que se cuentan Juan Carlos Barreto, Rocío Franco López, Saúl Ordóñez, Félix Suárez y Sergio Ernesto Ríos. Esta cualidad también se manifiesta en la aparición de varias antologías que funden este trabajo colectivo, entre las cuales destacan Camisa de dieciocho varas, editada en 1997, y Reino de nadie, publicada en 2006.

El Taller “Joel Piedra” se lleva a cabo todos los viernes, de 19:00 a 21:00 horas, en la planta alta del Centro Regional de Cultura de Toluca, ubicado en Pedro Ascencio 103, colonia Centro, a unas cuadras de los Portales. Para obtener más información, es posible comunicarse al (722) 2 14 73 78.


Poesía desde la dispersión: el Taller de Creación Literaria de Tenango del Aire


Coordinado por Enrique Villada, poeta, ensayista y profesor mexiquense nacido en 1964, este taller se distingue mediante dos particularidades: por un lado, admite la discusión de toda clase de géneros literarios; de este modo, facilita la lectura, la comprensión y la escritura de la poesía, el cuento, la novela y el ensayo, además de otras modalidades que se encuentran en proceso de consolidación, como la prosa poética y la minificción. Por otro lado, los ejercicios que propone abarcan el conjunto de la sensibilidad humana; es decir, no se limitan a la lectura, el análisis y la imitación de la obra de otros autores, pues también involucran experiencias visuales, auditivas y gastronómicas.

De este modo, el Taller de Creación Literaria se encuentra asociado al descubrimiento de la belleza y el placer; de la expresividad y el equilibrio; de los recursos meramente literarios y los deseos personales. Por lo tanto, aspira a devolver a la literatura a su estado primigenio: la concibe como una actividad sagrada, de manifestación individual y resonancia colectiva, que permite diversificar las visiones de la vida y del mundo. Así, en resumen, representa una oportunidad para que cada quien encuentre, a través del festejo cotidiano de las palabras, su voz interior.

El Taller de Creación Literaria se lleva a cabo todos los sábados, de 11:00 a 13:00 horas, en la Casa de Cultura de Tenango del Aire, ubicada en Avenida 5 de Mayo s/n, esquina Censos Nacionales, en el mencionado municipio mexiquense. Para obtener más información, es posible comunicarse al (722) 2 74 23 92.


Dos visiones


El Taller “Joel Piedra” y el Taller de Creación Literaria surgen y se desenvuelven desde una óptica distinta. Los contrastes entre ellos resumen, en buena medida, las perspectivas de desarrollo de la poesía mexiquense. Si bien ambos estimulan la reflexión en torno a la escritura y al hecho literario –lo cual les confiere cierto grado de credibilidad estética–, sus materiales y procedimientos resultan radicalmente opuestos y, en último término, evocan algunas preguntas importantes: situada en la periferia de una sociedad cada vez más desinteresada por las artes, ¿para qué sirve la poesía –entendida, nuevamente, como empleo creativo del lenguaje–?, ¿cuál es su contribución al mundo contemporáneo?

En el Taller “Joel Piedra”, el trabajo se sujeta a un concepto cultural eminentemente libresco: la inspiración y los recursos provienen de otros autores y, una vez transformados, retornan a ellos de manera inmediata. Estas características prefiguran el papel que juega la literatura en Toluca: aislada en su propia esfera, ofrece escasos momentos de interacción con el público y con otras manifestaciones artísticas, como la música, la danza, las artes plásticas y –sorprendentemente– el teatro. En consecuencia, los poetas escriben para sí; es decir, para su reducida comunidad, limitada por un lenguaje críptico. Sin embargo, este ensimismamiento no ha disminuido la calidad de su obra: algunos poetas afincados en Toluca han saltado a la escena internacional, no sólo a través de premios y distinciones, también mediante publicaciones y traducciones de excelente factura.

Por otra parte, el Taller de Creación Literaria procede de una especie de conciencia social, que busca entrelazar las modalidades artísticas con la receptividad y el significado de la existencia humana. De este modo, la literatura se concibe como un ejercicio vital, indispensable para formular una visión concreta del mundo. En efecto, los poetas que residen en el oriente de la entidad poseen un vínculo más firme con otras expresiones artísticas; además, han establecido una relación permanente y fructífera con sus lectores. Para muestra, basta recordar que Molino de Letras, la revista literaria independiente más importante del Estado de México, se edita en Texcoco, y que el Centro Regional de Cultura de dicho municipio –administrado por el Instituto Mexiquense de Cultura– organiza el mayor y más variado número de actividades, desde ciclos de cine mexicano hasta conferencias especializadas.

En este marco, el Taller de Creación Literaria sostiene una postura integral, destinada a vislumbrar la sorprendente complejidad de la poesía, no sólo desde los problemas específicos que supone la composición del texto, también desde las estrategias que lo hacen accesible. No obstante, en último término, ambos talleres demuestran dos facetas de la sensibilidad humana: la pasión por la vida –rápida e individual– y la fascinación por el arte –pausado y colectivo–, las cuales se involucran, en esencia, con el rigor intrínseco a la creación literaria. Desde estos panoramas, se trata de una poesía altamente participativa, cuya resonancia debe reflejarse, inevitablemente, en un replanteamiento de los códigos estéticos que la guían.


* Texto publicado en la página cultural de El Espectador, correspondiente al mes de febrero.

11 de enero de 2009

Nuevo en nueve (o una invitación cálida y cordial -- corregida)


El año empezó extraordinariamente bien: Cosmoción, una nueva editorial independiente, acaba de publicar sus primeros volúmenes. El primero de ellos corresponde a Gajos de humo, de Elías Jaramillo; el segundo, a Antes del polvo, de su humilde colaboradora. Ambos representan el resultado de la pasión por la literatura y el amor a la libertad, ya que se han concebido en estrecha comunicación con el autor, con la esperanza de que el libro vuelva a ser un instrumento de comunicación íntima, entre seres humanos sensibles.

Esta comunicación es imposible sin el contacto constante con los otras personas. Así que están cordialmente invitados a la primera presentación de Antes del polvo, que se llevará a cabo el 6 de febrero, a las 19:00 horas, en el Centro Toluqueño de Escritores (ubicado en Plaza Fray Andrés de Castro, Edificio A, local 9, en el centro de la ciudad). Los comentarios y la compañía correrán a cargo de Enrique Villada, Elías Jaramillo y Gerardo Lara. Además, habrá vino de honor y libros autografiados. No dejen de asistir: su presencia es importante para apoyar a las artes independientes y contribuir a que nuestro universo cultural siga en movimiento. Esperamos verlos por ahí y compartir la poesía y la vida.

Lenguajes relativos: El enigma Carmen, de Eduardo Osorio



Por Margarita Hernández Martínez

“Sólo cuando alguien muere descubrimos que nunca lo conocimos”, sentencia, contundente, Eric Berne, psiquiatra y fundador del Análisis Transaccional. “Te lo planteo de otro modo: cuando creemos decir una verdad; pero con gestos, entonaciones, movimientos corporales, negamos lo que dijimos”, responde, tajante, Eduardo Osorio, escritor y actual presidente del Centro Toluqueño de Escritores.

Basado en estas premisas –en apariencia contradictorias–, el autor de Bromas para mi padre construye El enigma Carmen (diálogos para su réquiem), una novela recientemente publicada por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluida en la Biblioteca Mexiquense de Bicentenario, cuya estructura depende, de manera fundamental, de los contrastes y las transposiciones entre el lenguaje y los géneros literarios; entre la interacción de los personajes y su soledad central.

Para conseguir esta síntesis, las voces involucradas en la narración toman postura frente a numerosos problemas contemporáneos, como la imposibilidad de la comunicación humana, el desconocimiento del otro y el replanteamiento de las identidades masculinas y femeninas. Paralelamente, los personajes –innumerables y, casi siempre, anónimos– recurren a un lenguaje de extraordinaria precisión, oscilante entre la metáfora y la nota periodística, el cual sostiene una suma de procedimientos cercanos a las técnicas teatrales. Sin embargo, éstas difieren de todo tratamiento tradicional: mientras aquéllos irrumpen, despojados de explicaciones, en la vorágine narrativa –que establece viajes y confluencias entre el tiempo y el espacio–, sus relaciones sólo se determinan mediante el diálogo, configurado como una acumulación de acontecimientos y referencias.

Por estas razones, los sucesos de la novela se definen como una recurrencia individual –por tanto, móvil y subjetiva– de un instante único: el brutal asesinato de Carmen Dultzin, mujer que, con sus “veintinueve amantes”, interroga la auténtica igualdad entre los géneros; ambientalista que, con su “cultura de National Geographic”, se deja absorber por las luchas de poder que, aún en nuestros tiempos, pertenecen exclusivamente a los hombres. Los diálogos entrelazados en torno a su muerte, su imagen pública, su trabajo y sus conflictos sentimentales perfilan una realidad progresiva, que se completa con cada intervención y que jamás se conforma con las superficies.

De este modo, El enigma Carmen también se debate entre los géneros literarios: más allá de su basamento en el lenguaje, se constituye, según su propio autor, como un “falso thriller”, provisto de tres posibles soluciones, las cuales dependen de la naturaleza relativa de la verdad y la violencia. Ésta, de manera inevitable, se implica en la mirada humana, siempre ajena, dúctil y escrutadora; en consecuencia, la novela lanza una propuesta literaria concreta, resultado de la intersección entre el Análisis Transaccional y las conjeturas de Osorio: “se trata de que el espectador imagine y no sea un robot frente a lo que lee”; es decir, de exigir la participación lectora característica de la narrativa posmoderna.



* Artículo aparecido en la página cultural de El Espectador, correspondiente a enero de 2009.